Parte I: Una aproximación científica

Entre los Principios de la GLFE destaca el cuarto principio que afirma que “la finalidad de la Masonería es el perfeccionamiento moral y espiritual de la Humanidad, la búsqueda constante de la verdad, de la solidaridad y de la justicia, mediante el trabajo con una misma, y en favor de toda la humanidad.”
El asunto de la perfectibilidad no es exclusivo de la Masonería, procede de la Antigüedad y alcanza su momento cumbre en la Ilustración.
¿Es el ser humano perfectible o bien esta finalidad de perfectibilidad es un desiderátum, una utopía de unos pocos seres iluminados que apoyándose en ideales bien intencionados predicaban la redención y la posibilidad de un mundo mejor? Hoy en día, nos podemos asomar al mundo de la neurociencia y la espiritualidad en busca de algunas respuestas.
Desde una perspectiva científica se concibe al ser humano como un ser biopsicosocial, el cuerpo físico es el lugar donde se producen las interacciones entre las influencias sociales (externas) y las propias (biológicas y psicológicas). No podemos desligar la mente del cuerpo ni el cerebro del resto del cuerpo pues se influyen mutuamente.
El padre de la Neurología moderna, Don Santiago Ramón y Cajal, que como es bien sabido era masón, estableció una manera diferente de ver el sistema nervioso: desarrolló la llamada doctrina o idea neuronal que se impuso a la concepción anterior conocida como teoría reticular.
A Don Santiago se le atribuye la siguiente afirmación: “Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. ¿Qué nos quería decir?, ¿Tal vez, que podemos cambiar nuestro cerebro cambiando nuestros hábitos?
Hoy sabemos que esto es así. En la Península Ibérica tenemos a varios divulgadores de la neurociencia, los españoles Nazaret Castellanos y Joaquín Fuster y el portugués Antonio Damásio. En los párrafos que siguen nos apoyamos en sus conferencias y publicaciones y extraemos de ellas los datos que aparecen a continuación para ilustrar la tesis de la perfectibilidad del ser humano mirando con las gafas de la neurociencia. Pero para sostener esta tesis, también nos referiremos a otras personas que están publicando sobre espiritualidad, en concreto, Pablo D'Ors.
En la masonería hemos aprendido que nuestros sentidos son la puerta de entrada al mundo externo; también hemos aprendido que uno de nuestros fines es el autoconocimiento. Los cinco sentidos, por imperfectos que sean, constituyen unos de los medios indispensables para ese autoconocimiento como también son los útiles necesarios para la toma de contacto con el exterior.
Los receptores de los sentidos (por ejemplo, del oído) se estimulan cuando reciben los sonidos del exterior. Estos estímulos se envían traducidos en impulsos eléctricos por diferentes circuitos y llegan a estaciones cerebrales en función de la naturaleza del estímulo; de ahí pasan a la corteza cerebral y solo cuando llegan a ese córtex se vuelven conscientes.
En la masonería se le concede una gran importancia a la meditación como método para conseguir nuestra finalidad de progreso personal y social.
Nazaret Castellanos dirige una investigación que tiene como objetivo estudiar las modificaciones que suceden en el cerebro cuando meditamos. Una de las cosas que más nos cansan es estar haciendo una tarea y a la vez pensando, atendiendo o divagando sobre otras tareas. Es decir, estamos recibiendo múltiples estímulos diferentes que corresponden a varias multitareas. Esta autora referencia un estudio realizado en la Universidad de Harvard en el cual se descubrió que el 47 % del tiempo que pasamos despiertas estamos haciendo una tarea y pensando en otra. El trabajo se tituló “Una mente divagante es una mente infeliz”. Los investigadores preguntaron a 2250 personas adultas qué hacían y pensaban en varios momentos del día y a tiempo real. Fuera lo que fuera lo que hacía cada uno de ellos, sus mentes se dedicaban a divagar una media del 46,9% de las horas de vigilia.
Explica la Drª Castellanos que uno de los autores de esta investigación, Matt Killingsworth, señala que "nuestra vida mental está dominada en un grado destacable por el no-presente". Cuando menos invadían estos pensamientos divagantes a las personas estudiadas era durante la actividad sexual, al hacer ejercicio o en una conversación.
En esos instantes en los que los participantes se ceñían a lo que estaban haciendo, es cuando eran más felices. Este fenómeno se producía incluso cuando la actividad realizada no era especialmente entretenida y era independiente del contenido placentero, neutro o negativo de los pensamientos, aunque estos últimos eran los que arrojaban peores resultados. Divagar 'per se', se manifestó como una fuente de infelicidad. Es decir, que la mejor forma de no ser infelices es estar en el presente; esto no significa que no tengamos que anticiparnos al futuro, pero estos estudios nos dicen que debemos pasar más tiempo en el presente.
El mismo autor concluye, según la Drª Castellanos, con la siguiente afirmación: "El pensamiento errático es una excelente forma de predecir la felicidad de la gente, de hecho, la frecuencia con la que nuestras mentes abandonan el presente, y hacia dónde tienden a ir, es mejor factor predictivo que las actividades en las que estamos inmiscuidos".
Por otro lado, la misma Universidad de Harvard realizó otro experimento muy revelador: consistió en aislar a las personas (de manera individual) en un lugar sin distractores, sin TV, Internet, radio o prensa y se les pedía que, durante un rato, sin duración predeterminada, intentaran controlar voluntariamente sus pensamientos. El tiempo medio que aguantaron las personas participantes fue de 6 minutos y la experiencia fue calificada como muy desagradable por el 83% de ellos. La conclusión de este estudio es que no sabemos estar con nosotras mismas ni controlar nuestra propia mente.
