PERFECTIBILIDAD Y NEUROCIENCIA

mayo 14, 2026

Parte II: Los beneficios de la meditación

Para lograr la atención plena y evitar la divagación disponemos de una herramienta potente que es la meditación la cual nos ayuda a estar en el presente y esto se traduce en un mayor bienestar. La meditación es una capacidad del ser humano que le permite observarse y conocerse.

¿Qué sucede en el cerebro cuando meditamos?

Se ha visto (mediante RMN funcional) que cuando empezamos a meditar, todo el cerebro se silencia salvo la zona de la corteza prefrontal; sin embargo, en pocos minutos y de manera involuntaria empezamos a pensar en otras cosas y simultáneamente se “iluminan” otras partes del cerebro (esto significa que nos hemos distraído); por esa razón se considera que la meditación es una lucha entre lo voluntario y lo involuntario. La neurociencia nos dice que las partes del cerebro que nos “avisan” de que nos hemos distraído son la corteza cingulada (interruptor que pasa lo inconsciente a lo consciente) y la ínsula (parte del cerebro involucrada en la idea de quién soy yo). Estas dos estructuras intervienen activamente en la meditación.

Si practicamos la meditación media hora al día, a los pocos días se observan ya cambios en el cerebro. La corteza prefrontal crece, la zona cingulada y la ínsula también, y además aumentan las ondas alfa.

Es la plasticidad cerebral (recuerden la frase de don Santiago), en la que participa no solo la arcilla o piedra bruta que sería nuestro cerebro sino también el escultor, que somos nosotras mismas. Uno de los factores que moldea la arcilla son los hábitos.

Si el cerebro se acostumbra a algo será muy difícil sacarlo de allí debido a que entre todas las opciones que tiene elegirá aquella opción que más se repite (hábitos), aquella a la que está más acostumbrado. Los griegos decían “yo no soy como soy sino como estoy acostumbrado a ser”.

Según Nazaret Castellanos, nuestro cerebro sí sabe aprender y recordar (mediante la repetición) pero no sabe olvidar. Además, sabe sustituir, lo que se hace mediante el control voluntario, el propósito, la intención. A base de repetir una opción alternativa el circuito cerebral de esa opción pesa más que el anterior y lo sustituye.

Y esto nos lleva de nuevo a la meditación como método para conocernos a nosotras mismas, paso previo necesario para la transformación que da lugar a cambios que suponen un avance en perfectibilidad o en el deseo de hacerse mejor persona y mejor ciudadana.

Por otro lado, Pablo D'Ors (sacerdote y escritor, fundador de la asociación Amigos del desierto) define la meditación, no desde el punto de vista de la neurociencia sino desde el punto de vista de la espiritualidad: “meditar es silenciarse, es decir “no” a los pensamientos, sentimientos e imágenes que nos vienen.  Este silenciamiento es fecundo, pues nos conduce a nuestro centro de una manera más directa que cualquier otro camino”.

Nosotras las masonas, como muchas otras personas, en determinados momentos estamos rotas, dispersas, inquietas, descentradas y esto nos hace infelices. Pues bien, para lograr nuestro propósito de perfectibilidad, disponemos de una herramienta formidable, la meditación, que como acabamos de ver, tiene unas bases y beneficios constatados que pueden ayudarnos en ese empeño.

Comprender nuestra perfectibilidad no es una quimera o una simple entelequia del pasado. Ahora sabemos que es posible progresar, avanzar en nuestra perfectibilidad, así nos lo demuestra tanto la neurociencia como tradiciones milenarias que se basan en la meditación. Ambos saberes nos permiten llevar a cabo la tarea permanente de perseguir nuestro perfeccionamiento.

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