Parte III: Blanca de los Ríos

Imagen: Blanca de los Ríos en Mundo Gráfico (1911).
Blanca de los Ríos y Nostench (1859-1956) fue una destacada escritora, intelectual, erudita y una de las críticas literarias más respetadas de la Generación del 98.
Su faceta más brillante y duradera fue la de investigadora y filóloga especializada en el Siglo de Oro. Logró el hito de ganar el premio de la Real Academia Española en 1887 por un exhaustivo estudio bio-bibliográfico sobre Tirso de Molina. Dedicó décadas a rescatar, ordenar y editar las obras completas del dramaturgo, descubriendo documentos inéditos sobre su partida de bautismo y sus orígenes familiares. Se la considera la mayor experta mundial en este autor. También dedicó grandes estudios históricos a la figura de Santa Teresa de Jesús.
En 1919 fundó y dirigió la revista Raza Españolahasta 1930, un espacio de debate cultural que promovía el intercambio intelectual y la identidad hispanoamericana. Defendió activamente el avance de los derechos culturales de la mujer. Su enorme prestigio hizo que su obra fuera traducida a varios idiomas y en 1924 recibió la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII en reconocimiento a su labor intelectual.
A pesar de haber ganado un premio oficial de la propia RAE en su juventud, la institución rechazó su candidatura de ingreso en 1912.
La gran contradicción de su vida ocurrió en 1928, cuando dos académicos de la RAE decidieron nominarla oficialmente al Premio Nobel de Literatura, lo que puso de manifiesto la gran hipocresía del panorama intelectual español de la época: una mujer podría ser considerada digna del Nobel pero no de sentarse en una silla de la Real Academia Española.
Los académicos que propusieron su candidatura al Premio Nobel reconocían públicamente que la obra de Blanca de los Ríos y sus estudios sobre el Siglo de Oro tenían una proyección internacional indiscutible. Sin embargo, esos mismos hombres impedían el acceso de la escritora a la Academia de su propio país. Uno de ellos, el obispo Leopoldo Eijo y Garay, hizo evidente los prejuicios machistas más arraigados de la institución con su famosa frase:
"En esta academia las únicas faldas que entrarán son las mías".
