PALOMA DÍAZ-MAS, LA MEMORIA DE LO COTIDIANO

Foto: Paloma Díaz-Mas | Académico | Real Academia Española
Fue el 22 de abril de 2021 cuando Paloma Díaz-Mas entró en la Real Academia Española ocupando la silla “i”, que anteriormente fue de Margarita Salas, académica de la que ya hablamos en nuestro blog. A modo de homenaje a esta gran investigadora, su discurso se tituló “Ciencia en judeoespañol”.
Paloma Díaz-Mas (Madrid, 9 de mayo de 1954) es escritora, catedrática universitaria e investigadora.
De su trayectoria universitaria podemos destacar que estudió Filosofía y Letras y Periodismo, especializándose en Filología románica. Se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid con una tesis sobre la poesía sefardí. Fue catedrática de historia y literatura sefardí en la Universidad del País Vasco y profesora visitante de literatura española y literatura sefardí en universidades estadounidenses.
En 2016, se convirtió en profesora de investigación en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Desde su especialidad y reconocida trayectoria ha publicado numerosos trabajos de investigación sobre literatura oral y romancero, literatura medieval española y cultura sefardí.
Como autora, publicó su primer libro con tan solo diecinueve años. Consiste en una serie de breves relatos de vidas ficticias titulado “Biografías de genios, traidores, sabios y suicidas” (reeditado como “Ilustres desconocidos”). Posteriormente le seguirán diferentes publicaciones: una teatral y muchas literarias por las que recibirá premios (Premio de Teatro Breve Rojas Zorrilla, Premio Herralde, Premio Euskadi) y de esta forma va construyendo su trayectoria, alternando investigaciones y literatura, la Historia y las historias.
También participa en publicaciones colectivas como “Madres e hijas” o “Entre amigas” (coordinadas por Laura Freixas) que son testigos de su labor en pos de una mirada femenina y por ende feminista, hasta su última obra en 2024 “Las fracturas doradas”, una novela sobre la aceptación de las grietas o fracturas que conforman la vida.
Lo que llama la atención en su obra literaria es la capacidad de introspección y la delicadeza con la cual nos sumerge en lo profundo, lo escondido, lo humano. Partiendo de su experiencia (en “Las fracturas doradas”, la pérdida de un ser querido; en “Lo que olvidamos”, su madre sufriendo Alzheimer; en “El pan que como”, las imbricaciones que conlleva la degustación de un cocido) nos lleva hacia unas capas subterráneas de la memoria, así como al análisis de lo cotidiano al que no prestamos en general mucha atención, pero que bajo su pluma revela su dimensión psicológica y social. Para ella “la memoria no es una cadena o un hilo sino un puzle” (“Lo que olvidamos”).
En su discurso de ingreso a la Real Academia se sirve de la metáfora de la escalera para hablar de la investigación histórica y de la importancia de adquirir conocimientos para elevarnos. Les dejamos con sus palabras:
“Cuando subía las escaleras de la casa de mi infancia siempre me sorprendía la luminosidad del último piso. Nosotros vivíamos en un segundo y normalmente nuestro itinerario acababa allí; pero las veces en las que, por alguna razón, subíamos a visitar a nuestros vecinos de los pisos superiores, yo notaba como en el ascenso aumentaba la luz, como los ventanales de los descansillos (que daban al patio de vecindad) se hacían cada vez más luminosos; la casa tenía cuatro alturas y el cuarto piso no era como los demás, sino que estaba dividido en pequeñas viviendas que daban a un patio de corredor, como en las corralas madrileñas o en los cortijos sefardíes. Sin duda esas viviendas eran más oscuras que nuestro segundo piso, pero en el patio de corredor al que esas pequeñas viviendas se asomaban reinaba la luz y desde allí se veía un cuadrado de cielo, casi siempre azul. Subir los últimos tramos de la escalera era para mí, niña pequeña, un ascenso hacia la luz.”
