María Zambrano

abril 27, 2022

PARTE V: “CLAROS DEL BOSQUE” Y EL CAMINO DE LA MÍSTICA

MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 27

A través de esta guía María Zambrano pretende mostrar un saber experiencial, un “logos encarnado”, una razón entrañada en la que se entrelazan el pensar y el sentir. La autora nos comunica “iluminaciones” o instantes privilegiados en los que se le ha revelado la verdad. En definitiva, “Claros del bosque” es un tratado del método para aquellos que ya tienen la voluntad de querer transitar el camino como una experiencia vivida, no aprendida.

Igual que la experiencia siempre es fragmentaria, “Claros del bosque” tiene un carácter fragmentario, discontinuo. No es un saber absoluto ni impositivo sino relativo y humilde. Moviliza a una razón práctica para la que la filosofía es una forma de vida. Porque la vida no se explica en un sistema de razones sino en visiones e intuiciones. Emulando la famosa sentencia de Pascal, María Zambrano nos dice: “Hay razones, sí, razones del corazón, hay un orden del corazón que la razón no conoce todavía”.

Para que la filosofía entre en el mundo desconocido del alma se necesita una nueva antropología que no cercene ninguna dimensión humana y una nueva concepción de la razón íntegra y completa que no cometa los mismos errores de la metafísica tradicional, que siempre se ha circunscrito a una razón pura y teórica. María Zambrano defiende una reforma radical de la filosofía que no se limite a entender el funcionamiento de la razón (Descartes, Kant, Hegel, Ortega, etc.). El raciovitalismo de Ortega vislumbró esa reforma radical de la filosofía, pero María Zambrano la desarrolló hasta sus últimas consecuencias.

Nuestra pensadora profundiza en el uso de las metáforas pues estas traducen mejor que los conceptos las intuiciones en imágenes lingüísticas, acoge el orden trágico de la experiencia inmediata de lo real y del sujeto, y va construyendo un lenguaje que aúna la razón con el sentimiento, incorporando lo infraconsciente (dimensión pática y onírica) y lo supraconsciente (relación con lo divino), con lo que se introduce en el mundo de la mística.

En “Claros del bosque” nuestra pensadora nos muestra cómo hacer de la filosofía una búsqueda que nos conduzca hacia el origen sagrado de la vida y nos redima del exilio metafísico en el que vivimos. Tras un primer momento de vaciamiento, la entrega voluntaria de nuestro yo nos hace receptivos a la llegada de la luz dejando sitio a la alteridad, condición indispensable para la receptividad de la verdad. Ésta no se obtiene como fruto de un esfuerzo racional sino que es un don, una revelación, un advenimiento: luz tenue que ilumina sin deslumbrar, es chispa y fulgor donde “todo es alusión y todo es oblicuo”. Es una luz humilde y misericordiosa. El claro es un espacio de luces y sombras.

María Zambrano nos guía hacia un saber contemplativo donde se da el germinar lento de la verdad, la recuperación de la palabra inicial o absoluta, el “secreto del amor divino-humano”. Una palabra que no es un concepto, sino fuente de todo sentido y conocimiento, comunión de ser y vida. Según Ana Bundgaard, María Zambrano desarrolla una teología de la palabra inspirada en el Evangelio de San Juan. La palabra es Verbo, Principio, Aurora… Palabra recibida que nos remite a un tiempo de plenitud en el que se da la unidad primera. Nos queda el recuerdo de la palabra perdida que sólo recuperamos si el corazón lleva a cabo la acción de esperar con padecimiento, resistiendo al dolor, la llegada de la palabra que transparenta al ser y a la divinidad que lo sustenta.

Se trata de ir entrando en espacios cada vez más anchos donde el sujeto está en la pura cualidad sin tiempo. Cuando esto acontece se alcanza “esa paz que proviene de sentirse al descubierto y en si mismo… Se adquiere una ligereza que nos libera de la carga de nuestro yo, al sentirse sustentado por la fuente de la vida, por la divinidad.”

Estos momentos de lucidez y de éxtasis duran sólo un instante y, por eso, el “amigo del bosque” va de claro en claro, de centro en centro, en una permanente discontinuidad. Nuestra existencia es “un anhelar y apetecer apaciguados por instantes de plenitud…inacabablemente”. Esta es, para María Zambrano, la extraña condición del ser humano.

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