María Zambrano

abril 20, 2022

PARTE IV: “CLAROS DEL BOSQUE” Y LA RAZÓN POÉTICA

MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 27

María Zambrano, vista por Daniel Rosell. / D. S./// Diario de Sevilla

Como decíamos en la segunda parte de esta serie de publicaciones sobre la figura de María Zambrano, la finalidad central de la obra “Claros del bosque” es hablar de aquello de lo que no se puede hablar, sino sólo experimentar. El tema central es de carácter ontológico (estudio del ser).

La obra se publica en 1977 y María la escribe en su casita del bosque junto al pequeño pueblo de La Pièce (Francia) donde vive rodeada de sus cosas, sus libros, sus gatos y sus músicas. La muerte de su inseparable hermana Araceli (a quien dedica este libro), la dejó aún más sola en su doloroso exilio. Todavía tardaría años en volver a España.

Los dos ejes temáticos principales de “Claros del bosque” siguen siendo los mismos que en obras anteriores: “la necesidad de crear un espacio de visibilidad para el ser escondido del hombre que le ponga en sintonía con el origen sagrado de la vida y la exigencia de un nuevo método de conocimiento que haga posible dicha visibilidad”. (Gómez Blesa, M.,2011).

En esta obra, la autora pone en marcha lo que denomina la “razón poética”, una razón que utiliza el símbolo y la metáfora y que se inspira en la mitología griega y en la mística cristiana. Usa estos recursos expresivos para construir un discurso “alusivo” basado en su experiencia personal de revelación del ser que se da en un estado especial de conciencia cercana al delirio o al éxtasis místico, en el que logra respirar al unísono con la totalidad. Por ello, “Claros del bosque” es una obra opaca, en la que la lógica de los conceptos es sustituida por imágenes que exigen un gran esfuerzo interpretativo.

Cuando el ser humano inicia su existencia ha tenido ya una “vida preexistente” en comunión con la Unidad Primordial (Dios) que es el principio y fundamento de la realidad y un Absoluto trascendente que crea todo por Amor. El viviente ha olvidado esa vida prenatal pero conserva la huella del Absoluto, del Amor preexistente. Vivimos separados y exiliados de la “fuente de la Vida”. El Amor a la Unidad primigenia perdido y olvidado nos convierte en peregrinos en busca de un lugar donde reencontrar nuestro ser. El Amor nos facilitará el camino de regreso a las “aguas primeras” de la vida, pues implica conocimiento desde el padecimiento.

Para María Zambrano el sentir nos constituye más que ninguna otra capacidad del ser humano. Las demás capacidades las tenemos, el sentir es lo que somos. Por eso, la verdad de cuanto hace, dice y piensa el ser humano está en el sentir.

Al ser humano se le ofrecen dos caminos: “despertar existiendo” o “despertar naciendo”. El primero es erróneo, es el camino seguido por la filosofía para desentrañar el sentido del ser a través del método dialéctico y la búsqueda de la verdad entendida como una conquista. La razón empleada por la filosofía occidental ha olvidado el sentir originario y, por consiguiente, nos ha arrancado del amor preexistente.

La soberbia del Yo que prescinde de Dios y que se separa de la unidad primigenia y del amor, impide al ser humano ver su propio ser velado, pues inhibe el sentir originario de participación con lo real. Sin este sentir iluminante que la razón impide ver y que es incapaz de tratar con lo otro, lo que no es yo y con el fondo sagrado de lo real como fuente de vida, se va apoderando del hombre la angustia y el nihilismo. La pérdida del centro nos conduce a nuestro irremediable exilio metafísico.

Frente a la razón sistemática de la filosofía, María Zambrano nos invita a seguir el camino de la razón poética que nos permite “despertar naciendo” a nuestro ser. La obra que comentamos la concibe como una guía espiritual que indica los pasos a seguir para retornar a la matriz ontológica de la que estamos exiliados. Nos señala cómo iniciar esa transformación interior en la que la verdad no puede ser solo conocida sino experimentada, vivida y en la que la parte objetiva y universal del pensamiento queda reducida a la mínima expresión y, en cambio, deviene en una razón humilde, en un saber práctico de un ser humano concreto.

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