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Las nueve musas

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Las nueve musas

Al comenzar y al finalizar las representaciones griegas, el elenco de actores solía invocar a las musas para que los inspirara en su actuación. De la misma forma, aquí y ahora, las invocamos para solicitar su ayuda en la elaboración de este texto:

“Musa, a ti te invoco, y pido que te acerques, para verter con ternura sobre los labios rojos el rocío de la palabra hermosa y sabia, para cantar la verdad siempre y sin ansiedad. 

Musa, a ti te invoco, y pido que te acerques, para llenar mi voz con sonidos veraces y bellos, para hacer florecer nuestras almas con entusiasmo, para hacernos vivir fuego y luz celestial.

 Musa, a ti te llamo, y te pido que te acerques, para cantarnos lo que pasó entre Cielo y Tierra, porque nosotras queremos seguir tus pasos amables como tus hijas aquí, obedeciendo tu Ley”.       (Walter Gutdeutsch)

La musa es esa sensación, esa percepción que sirve de inspiración a un artista. La noción proviene de la mitología griega, donde las musas eran deidades que habitaban en el Parnaso o en el Helicón y protegían las artes y las ciencias. Las sentimos cercanas y esperamos que nos susurren bellas y certeras palabras con las que transmitir nuestros pensamientos y sentimientos.

Ya en la Real Academia de Ciencias de París había en 1769 una “Sociedad de las nueve hermanas” con fines benéficos bajo la inspiración de las Musas. Con ello se constata su papel tradicional como mecenas de las artes y de las ciencias de la Antigüedad y su influencia en los círculos culturales franceses.

Algunas logias masónicas tomaron el nombre de las nueve musas como lo atestigua la parisina “Les Neuf Soeurs”, fundada en 1776 por Jerónimo de Lalande. Durante la Revolución Francesa, la Real Academia de las Ciencias se reorganizó de modo que dos miembros de dicha logia, Antoine Laurent de Jussieu y Gilbert Romme, en colaboración con Henri Gregoire, promovieron la creación de una sociedad libre de Ciencias, Letras y Artes para financiar lo que se convirtió en el Instituto de Francia. De esta manera, a principios de la Revolución, “Las Nueve Hermanas” se convirtió en la Sociedad Nacional hasta 1792 y continuó sus trabajos hasta 1848.

Algunos miembros ilustres de la Logia “Las Nueve Hermanas” fueron: Voltaire (1694-1778), Benjamín Franklin (1706-1790), Pascal de Paoli (1725-1807), Joseph Jérôme Lefrançois de Lalande (1732-1807), Joseph Ignace Guillotin (1738-1794) y Nicolas Dalayrac  (1753-1809).

Hesíodo, en su obra “Teogonía”, describió a las nueve musas y las caracterizó tal y como posteriormente las hemos conocido a lo largo de la historia. Nos cuenta que eran hijas de Zeus y Mnemósine, diosa de la memoria. Zeus, padre de los dioses del Olimpo, quedó prendado de Mnemósine. Durante 9 noches la visitó y engendraron a las 9 musas, que nacieron en un parto múltiple.

Calíope era la mayor y la de la bella voz. Musa de la elocuencia, la belleza y la poesía épica. Se representaba con un estilete y una tabla de escritura.

Clío era la musa de la historia. Cuentan que fue esta musa la que introdujo el alfabeto fenicio en Grecia. Está representada con un rollo de pergamino.

Erato era la musa de la poesía lírico-amorosa y suele representarse con una lira.

Euterpe, la muy placentera, era la musa de la música, especialmente de la que se toca con la flauta. Se le atribuye la invención de la flauta doble y se la representa con este instrumento en las manos.

Melpómene era la musa de la tragedia. Por ello, es representada con un cuchillo en una mano y la máscara trágica en la otra.

Talía, gemela de Melpómene, era la musa de la comedia y de la poesía bucólica. En las representaciones figura con la máscara de la comedia y el cayado de pastor.

Polimnia era la musa de los cantos sagrados y la poesía sacra. Es representada en una actitud meditativa, con un semblante muy serio. En ocasiones, aparece con el dedo sobre la boca, simbolizando así el silencio y la discreción.

Terpsícore, la que deleita en la danza, era la musa de la danza y la poesía coral. 

Urania, la celestial, era la musa de la astronomía, la poesía didáctica y las ciencias exactas. En sus representaciones aparece con una esfera en la mano izquierda y una espiga en la derecha. Además, va vestida con un manto cubierto de estrellas.

Las Musas son seres sagrados muy antiguos y poderosos, muy sabios y llenos de amor para los seres humanos. Son fuerzas colectivas en planos diferentes de energía que nos animan a alcanzarlas mediante el intento de aprender sus artes. Nos enseñan la armonía y unidad dentro de la pluralidad de todas las Artes, una armonía como en una gran familia espiritual en la que cabemos todas y todos. Han inspirado a filósofos y artistas a lo largo de los siglos y su importancia queda reflejada en multitud de piezas pictóricas y en innumerables esculturas. ¿Qué sería de todo ser creativo sin su inspiración?

El Parnaso y el Olimpo nos quedan lejos en tiempo y en el espacio, pero siempre podemos buscar la compañía inspiradora de las musas en el templo del Museo del Prado, en la sala circular que las alberga, entrando por la puerta de Velázquez. O también en el Ateneo de Madrid, templo de Musas donde los haya.

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