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La Masonería como proyecto moderno-ilustrado, o algo más (Parte II)

Somos mujeres comprometidas con los valores de libertad igualdad y fraternidad

La Masonería como proyecto moderno-ilustrado, o algo más (Parte II)

EL CAPITALISMO

El capitalismo es una estructura económica y una manera de producir y de consumir que comienza en Europa con la Modernidad. Se fundamenta en una gran desigualdad pues presupone el manejo, gestión y concentración de grandes cantidades de bienes y riquezas en manos de unos pocos.

Esta manera de producir y de consumir que constituye el capitalismo no solo repercute en individuos y sociedades, también tiene sus consecuencias sobre la naturaleza y el medio ambiente.

Como sistema de producción podemos explicarlo a través de la siguiente metáfora: el capitalismo sería equiparable a un caballo desbocado que va poniendo en peligro a quien lo monta, pero también va arrasando por donde pasa (naturaleza). Por ello podemos compartir algunas de las críticas que se le han hecho a la Modernidad pues no se han cumplido las expectativas ilustradas resumidas en la siguiente frase de Jean-Jacques Rousseau en el “Contrato Social”: “La verdadera igualdad no reside en el hecho de que la riqueza sea absolutamente la misma para todos, sino que ningún ciudadano sea tan rico como para poder comprar a otro y que no sea tan pobre como para verse forzado a venderse”, frase de plena actualidad a día de hoy con  asuntos como la prostitución y los vientres de alquiler, a modo de ejemplo.

En cualquier caso, este sistema económico se opone, no sólo al principio Ilustrado y masónico de la Igualdad, sino que también lo hace con el de Fraternidad dado que el capitalismo prioriza la tasa de ganancia antes que la vida de las personas. En cuanto a la Libertad, la idea que transmite es la de libertad para consumir. 

Se nos plantea un interrogante doble:

¿Es posible una Modernidad sin capitalismo?

¿Son el capitalismo y la Modernidad dos formas de un mismo contenido?

El ser humano es, de momento, un ser necesitado: necesita comer, vestirse, tener vivienda, educación, satisfacer sus necesidades espirituales y culturales. Desde la Era Axial allá por el Siglo V a. C. hasta nuestros días mucho se ha dicho y se ha hecho sobre cómo cubrir esas necesidades.

Sin embargo, los sistemas de producción y de consumo hasta ahora conocidos (y en ellos se incluyen esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo real) no han resuelto de manera satisfactoria para la mayoría de la humanidad el asunto de las necesidades del ser humano. En el caso concreto del capitalismo, supone además un grave peligro tanto para la humanidad como para la naturaleza.

Nuestros principios (Libertad, Igualdad, Fraternidad) aún no han podido ser sustituidos por otros mejores. Los hemos situado en nuestro momento histórico y nos hemos percatado de que por mucho que los repitamos, no los llenamos de contenido y de sentido a no ser que analicemos aquellas circunstancias que impiden su avance y que no son la bondad o maldad de los seres humanos tomados individualmente, sino dos estructuras (patriarcado y capitalismo) que atraviesan de manera imperceptible la sociedad (es decir, al ser humano), de Norte a Sur y de Este a Oeste y que se han “naturalizado” hasta tal punto que se llega a decir que no existe otro modo de organización. Una de ellas esclaviza a la mitad de la humanidad y la otra a casi su totalidad.

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Comentarios: 1

  1. Angela Morffe dice:

    El patriarcado es de una eficiencia perversa, cuando leíamos a socialistas utópicos como Fourier y nos hablaba de la medición de la felicidad de un pueblo, medido por el grado de emancipación de las mujeres, sentíamos esperanza por otro sistema más justo, pero solo tenemos que ver el nivel de infelicidad, injusticia social y tremendo desequilibrio vivido por mujeres y hombres de la extinta Unión Soviética, Cuba, Venezuela, Rusia. Y, especialmente las mujeres en esos regímenes siguen siendo las más pobres entre los pobres y siguen teniendo grandes dificultades para acceder en igualdad de condiciones a empleos, posiciones de poder, siguen estando sobrecargadas de responsabilidades a lo interno de la vida domestica. Pero incluso cuando leíamos a Rousseau y su preciosa noción de ciudadano, nos tuvimos que enfrentar a la realidad de su “Sofía para Emilio” esa visión de la mujer, la reina, ama y señora de la cocina, que iba a garantizar que Emilio pudiera penetrar en la sociedad, liberándolo de toda carga doméstica. Coincido en esa pregunta abierta, parece que el camino está por construirse y mientras habrá que impulsar políticas públicas que busquen proteger a las personas y debilitar al patriarcado.

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