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El Fin de la Masonería (parte I)

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El Fin de la Masonería (parte I)

“FILOSOFÍA DE LA MASONERÍA. CARTAS A CONSTANT” DE J. G. FICHTE    

Este libro recoge una serie de conferencias pronunciadas por Fichte en diversas reuniones que tuvieron lugar en Alemania hacia 1799. Tratan sobre los fines y los fundamentos filosóficos de la masonería. La obra está escrita en forma de cartas que Fichte dirige a su discípulo Constant. El autor se centra en lo que la masonería puede o debe ser y no en relatarnos su historia o en analizar su presente.

El fin principal que persigue la Masonería, según nuestro autor, es superar todo aquello que impide al ser humano desarrollar al máximo su humanidad y generar un proceso de transformación que le convierta en un ser humano más pleno y más liberado.

Para Fichte la sociedad de su tiempo anda perdida “ocupada en luchar contra la naturaleza y contra el tiempo”. Esta expresión, un tanto enigmática, destaca la falta de armonía del hombre con la naturaleza y la poca aceptación de la vida.

Asimismo, piensa que la sociedad considera como mejor educación aquella que prepara a la juventud para su futura profesión y para la función social que a cada uno le corresponde. De esta forma gana terreno la especialización en unos contenidos y habilidades particulares, que despersonalizan, deshumanizan y acortan la mirada y la perspectiva de esa juventud. La máxima especialización de la formación estamental frena el desarrollo pleno de la humanidad.

Por ello critica duramente la educación que impera en su época, pues al especializar la formación en diferentes ramas y separar a los hombres en distintos estamentos con diversas ocupaciones, se aleja de una visión más humanista y limita el pleno desarrollo moral, artístico, científico y práctico del ser humano.

Tras este análisis de la educación de su tiempo, afirma que la Masonería nace para superar esta situación, porque lo que se propone es transformar al hombre unilateral y especializado en un ser humano reflexivo, activo y consciente que desarrolle al máximo todas sus capacidades humanas para poder desprenderse de prejuicios y limitaciones y avanzar en el camino de la perfectibilidad del género humano.

Este fin se puede alcanzar o al menos acercarse lo más posible a él retirándose de la sociedad y formando otra separada como la Masonería, que busca una formación humana común y polifacética del ser humano como tal, cosa que en la sociedad es casi imposible.

Nos adherimos a la masonería sin dañar a la sociedad, sin dejar de relacionarnos e interactuar positivamente con ella y para despojarnos de los malos hábitos contraídos. Buscamos conocer, pensar, deliberar y vivir conforme al fin de la humanidad, elevando así nuestra formación. Algunos ejemplos concretos nos ayudarán a entender el tipo de transformación que se va operando desde el ser humano unilateral al masón: pulir su pedantería, pensar más universalmente, no hacer ostentación de la propia mejora, no rebajarse a una mera confesión de las propias faltas sino enmendarlas…

La masonería no establece diferencias entre los seres humanos, desarrolla su sensibilidad para la moral, cultiva su libertad y potencia que cada uno, y cada una, aporte aquello que posee al mismo tiempo que recibe en la misma medida, pues dando desarrolla más la capacidad de dar.

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