El simbolismo de la Rosa

mayo 26, 2022

“De la rosa primigenia solo nos queda el nombre, solo conservamos nombres desnudos”.

Umberto Eco, “El nombre de la Rosa”

La poeta americana Gertrude Stein escribió el verso “Una rosa es una rosa es una rosa es una rosa” que aparece en su poema ”Sagrada Emilia”, publicado en 1922 en el libro “Geografía y Representaciones”. Con frecuencia se ha interpretado como “las cosas son lo que son”, pero si profundizamos en el pensamiento de Stein, nos lleva a la idea de que empleando el nombre de una cosa se invoca no sólo al objeto sino también al imaginario y las emociones asociadas a dicho objeto. En definitiva, podemos decir que así actúan los símbolos sobre nuestro pensamiento.

La rosa, flor sagrada por excelencia en Occidente, rica en simbolismo, tiene una larga historia. Las primeras aparecen documentadas en los jardines de Mesopotamia hace más de 5.000 años. También hay constancia de su uso en el Antiguo Egipto desde el año 2.500 a. C. con fines religiosos. Fue el emblema del dios Horus, apareciendo ya en tumbas egipcias del siglo V a.C.

Muy apreciadas por griegos y romanos por su aroma, en muchos banquetes se producía la “Hora de la Rosa”, momento en el que multitud de pétalos de esta flor llovían sobre los comensales.

Para los griegos era una flor consagrada a Afrodita, la diosa de la belleza y el amor. Varios son los relatos mitológicos que hablan de su origen. Algunos de ellos atribuyen su creación a esta diosa, que, naciendo de la espuma del mar, quiso crear algo igual de hermoso que ella, surgiendo así la rosa blanca. Otros relatos nos cuentan que Cibeles creó esta flor para vengarse de la belleza de Afrodita, pues la rosa era lo único que podía competir con la diosa.

También hay mitos que explican cómo esta flor que nació blanca adquirió su color rojo. Uno de ellos lo atribuye a la muerte de Adonis herido por un jabalí. Supuestamente dicho jabalí era Ares así transformado, que estaba celoso del favor del que gozaba Adonis por parte de Afrodita. Cuando esto ocurre, la diosa acude junto a su amado hiriéndose un pie, tiñendo con su sangre las rosas del lugar.

La mitología romana cuenta que Baco, dios del vino y la vendimia, persiguiendo a una ninfa, consiguió retenerla con la ayuda de un zarzal. Cuando la ninfa reconoció al dios, se sonrojó y Baco ordenó al zarzal adornarse con flores del color de las mejillas de la ninfa.

Tras la caída del Imperio Romano, la rosa pagana, la rosa de Afrodita, representación de los amores carnales y desenfrenados y de la pasión, fue imagen del pecado para los primeros cristianos. Por ese motivo, prohibieron en un principio plantar rosales junto a las iglesias. Pero con el transcurso de la Edad Oscura, la rosa recuperó su prestigio, encontrando el mundo cristiano en esta flor un verdadero filón.

Los primeros cristianos identificaron los cinco pétalos de las rosas originarias con las cinco llagas de Cristo y la flor con espinas fue la imagen del tormento de los mártires. En la catacumba de San Calixto del siglo III aparecen dibujadas rosas como signo del paraíso. En el siglo V ya era símbolo de la Virgen, siendo Edulio Caelio el primero en llamar a María “rosa entre espinas”. Cuatro siglos más tarde el monje Teófanes Graptos usa la rosa para referirse a la pureza de la Virgen. Entre los siglos X y XII también pasó a representar el alma de Cristo: así como el perfume de la flor es su alma, de tal manera el olor de la rosa se identificaba con el aliento de Dios sobre la tierra.

En el siglo XIII empiezan ya a aparecer rosas en los jardines de los monasterios y abadías. La rosa blanca representará la pureza de la Virgen y su alegría al aceptar la voluntad divina, mientras que la roja será símbolo de sus penas y del martirio de su hijo. En el arte cristiano se repetirá la imagen de la Virgen con rosas en la mano, sentada sobre un lecho de rosas, delante de un rosal...

La rosa también será símbolo de sigilo o secreto, de aquello que no debe ser transmitido. De esta forma, en la Edad Media se extiende la expresión “sub rosa” (bajo la rosa), empleada para denotar secreto o confidencialidad. Esta expresión que significa “en silencio”, se supone que tuvo su origen en la rosa que Eros obsequió a Harpócrates, dios del silencio, en agradecimiento por su discreción con respecto a los ilícitos amores de Afrodita, su madre. Por esta expresión, se encuentran muchos confesionarios católicos con motivos de rosas, recordando así que lo que se habla entre confesor y confesante está “sub rosa”. Asimismo, en los salones privados y de reuniones medievales se colgaban rosas para recordar a los presentes que la privacidad y la confidencialidad debían mantenerse.

Para los alquimistas, el proceso de transformación y transmutación psíquica se produce también “sub rosa”. Las ramas cruzadas de la rosa blanca y roja no sólo aluden a los amores y matrimonio de los opuestos sino también al silencio necesario para la naturaleza interior del trabajo y al útero o rosa en cuyos pliegues de pétalos el sí-mismo es concebido en secreto.

La rosa de cinco pétalos se hizo barroca aumentando su número de pétalos con la llegada de las variedades chinas que fueron cruzadas con las europeas. Esta multitud de pétalos, que no dejan ver el interior de la flor con facilidad, la transformará en una especie de laberinto que hay que recorrer para llegar a su centro, donde está lo más valioso de la flor. Según René Guénon en su libro “Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada”, el acto de abrirse de la rosa supone una irradiación en torno al centro, ese centro que es justamente el medio, es decir, el punto equidistante de todos los puntos de la circunferencia es el lugar donde las tendencias contrarias se neutralizan y se hallan en perfecto equilibrio, lo que nos lleva a la armonía. También hay un aspecto moral que se relaciona con la idea aristotélica según la cual la virtud consiste en un justo medio entre dos extremos.

Así pues, la rosa evoca la inocencia si es blanca, el corazón, el amor y la pasión si es roja, la belleza y la armonía, la búsqueda del equilibrio y del justo medio, es el premio del vencedor, conmemora al mártir, aparece en banderas nacionales, en estandartes de regias estirpes, simboliza la unión a través de sus pétalos, su cáliz semeja un Grial, recuerda que el silencio y la discreción debe reinar en el momento adecuado…

El trabajo de conocimiento y perfeccionamiento personal en Masonería tiene una vertiente individual de búsqueda interior, pero este camino no se hace en solitario, sino fraternalmente apoyándose unas hermanas en otras, lo que es emblema del amor, el respeto y la fraternidad que ha de reinar entre nosotras. Los pétalos apretados de la rosa simbolizan también nuestra unión que nos alienta durante los viajes vitales que vamos emprendiendo para logar la virtud que se sitúa en el medio de los extremos, el equilibrio que nos puede aportar armonía y belleza en nuestras vidas como iniciadas, que asimismo tendrá su reflejo en el mundo profano.

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