Carmen Conde (Cartagena, 1907- Madrid, 1996)

enero 26, 2022

MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 27

Nació en Cartagena, pero a los seis años se trasladó a Melilla, en donde vivió hasta 1920. Al volver a Cartagena empezó sus estudios de Magisterio y a colaborar en la prensa local. Juan Ramón Jiménez publica algunos de sus poemas en las revistas “Sí” y “Ley” que posteriormente aparecerán recogidos en su primer libro titulado “Brocal”.

Fundó junto a su marido, el poeta Antonio Oliver Belmás, la Universidad Popular de Cartagena, con la que intentan y consiguen elevar la formación y la cultura de todas las clases sociales. Comenzó a funcionar en enero de 1932 y la última conferencia se pronunció el 16 de julio de 1936, cesando su actividad hasta 1981 a consecuencia de la Guerra Civil y posterior dictadura. En 1933 la Universidad Popular ya contaba con biblioteca infantil y de adultos, misiones pedagógicas, archivo de la palabra donde estaba grabada directamente la voz de destacadas personalidades del mundo de la cultura, cinema educativo, conciertos, organización de excursiones y viajes culturales, cátedras ambulantes los domingos y festivos por los caseríos del campo y publicación de la revista “Presencia”.

Por otro lado, desde principios de la década de los años treinta, Carmen Conde cultivó la amistad de escritores como Azorín, Juan Ramón Jiménez, Gabriel Miró, Gabriela Mistral, María Cegarra o Buero Vallejo y con todos los poetas de la Generación del 27, especialmente Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Miguel Hernández, con quienes mantiene una intensa correspondencia a través de los años.

Al estallar la Guerra Civil en 1936, su marido se unió al Ejército republicano. Ella, con veintinueve años, vivía en Murcia y colaboraba en el periódico “Nuestra Lucha” y en la emisora de radio de la ciudad.

Los años 40 serán muy productivos literariamente para Carmen. Utilizará seudónimos como Magdalena Noguera, Florentina del Mar y otros por la persecución política que sufrió durante la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra. A partir de los años 50 se suceden los premios y reconocimientos hasta que, en 1967, se le concede el Premio Nacional de Poesía por “Obra poética”.

Elegida Académica de la Real Academia Española en 1978 para ocupar la silla K, se convierte en la primera mujer en ingresar como académica de número “rompiendo así el fuego y saltando las barreras”, como señaló Alonso Zamora Vicente.

La producción literaria de Carmen Conde es muy extensa. Además de poesía escribió novela, relato, literatura infantil, ensayo o biografía. Destacamos sus palabras para conocer mejor de dónde partía su concepción como escritora: “Y me dije que tenía que expresarme con mi verdadera autenticidad, y que las mujeres aprendan a escribir su poesía, y si es posible, también sus novelas, tal y como son ellas. Porque tal como son ellas no las conocen los hombres.”

Algunos críticos literarios consideran que con su obra Mujer sin Edén” la poesía de Carmen Conde alcanza su cenit. Publicado en 1947, es un extenso poema dividido en cinco cantos que giran en torno a la mujer como personaje total, encarnada en la figura de Eva. A través de ella nos habla de la condición femenina. Pone voz a las mujeres del mundo que han sido y serán, partiendo del mítico Edén, pasando por Sarah, Agar, las hijas de Lot hasta llegar a María. Todas ellas sufrientes, herederas inocentes de la culpa de Eva.

“Ave, Eva. Nombres de mujer en dos Edades.

Presencias de tu Ser. Pero, María

jamás pecó, Señor. ¿Por qué la eliges

sufridora del drama sobrehumano?

¡No hay árbol de la ciencia,

no hay árbol de la vida para ella.”

Cuando fue publicado el poema, no sufrió la censura del momento, pues estudiosos como Valbuena Prat lo interpretaron como una obra cercana al sentimiento místico teresiano, como un canto de carácter bíblico. Sin embargo, en este poema se pone de manifiesto la rebeldía de la mujer que, expulsada del Edén, carga con una culpa injusta y que no asume totalmente como propia, sufriendo con dolor el castigo eterno y el odio divino. (“Señor, ¿Tú no perdonas? Si perdonaras tu olvido/ya no pariría tantos hombres con odio…”).

Pero también se manifiesta como un ser de amor (“a quererse enseñé hasta a las flores”) y con poder de creación (“¡Tendrás hombres; de hombres océanos, / que mi cuerpo querrá brotarle al mundo!”). Sin embargo, esos hijos que traerán al mundo el hombre y ella no serán inmortales, y así lo acepta Eva. (“Eternos no. Gracias, Jehová. Eternos no.”).

Concluimos con un fragmento del poema “Canción al hijo primero” del Canto Segundo en donde, Eva, sabiéndose odiada por Dios, siente cómo ese odio se extiende hasta su primer hijo, Caín, por haber sido engendrado en el Jardín del Edén contra el mandato divino, y entonces le dice así:

“…Hijo de la ira

De Dios implacable.

No podrá salvarte

Del odio tu madre.

No duermas, vigila.

No duermas, despierta.

Te amenaza fría

la heredad desierta.

Te persiguen ojos

sin dulce descanso.

Te aborrece eterna

del Creador la mano.

Las gacelas corren:

correrás tú más.

Los leones saltan:

tú debes saltar.

Los arroyos huyen:

tú tienes que huir.

Aunque yo lo quiera,

¡no puedes dormir!

No duermas, escucha.

No duermas, acecha.

Silbarán las aves

sobre ramas ebrias

para hacerte leve

esta oscura tierra.

Escúchame, hijo:

no duermas, no duermas…”

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