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Aprender a recibir

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Aprender a recibir

SEGUNDA PARTE

Aprender a recibir; recibir es dar

            Tendemos a funcionar haciendo intercambios en lugar de aceptar una donación que libremente se nos da. Nos referimos al don puro, el que no se pide ni espera ninguna reciprocidad. Es pues pura generosidad. Lo imprescindible es saber distinguir qué es lo que recibimos.

            Curiosamente algunas personas logran aceptar regalos, pero no halagos. Esto refleja, con bastante frecuencia, una falta de confianza en uno mismo. Todos estamos más o menos incómodos frente a un halago. Nos desestabiliza. Una vez pasada la doble barrera de «no piensa ni una palabra de lo que dice» y la de «¿cuál es su interés detrás de todo esto?», de inmediato una pequeña voz nos susurra: “no lo merezco, lo que hice o dije es normal, nada extraordinario, ¿no es un poco exagerado?”. En una palabra: el halago es ante todo sospechoso.

            Más que un acto de civismo o de cortesía, dar sinceramente es un acto de bondad y a menudo un verdadero consuelo para aquellos que lo reciben inesperadamente y con los brazos abiertos.

            Saber recibir es una maravillosa forma de generosidad porque recibiendo también se está dando, independientemente de que se trate de “pequeños gestos” o de grandes acciones. Recordemos que todos hemos recibido desde el momento en que nacimos un regalo magnífico: la vida.

            Entonces ¿cuál es la mejor manera de aceptar el recibir? Dando las gracias, aceptando sin protestar las palabras, los gestos, las intenciones amables.

            Recibir no nos obliga a nada y es mejor estar abiertas a las cosas buenas, y permitirnos disfrutar de la generosidad de los demás. Porque un halago sincero siempre es un placer. Tal vez debamos ver el hecho de recibir como un enriquecimiento que nos permitirá a su vez dar. 

            Hay, por lo tanto, una relación natural entre dar y recibir, pero, por desgracia, se nos enseña que lo primero es mejor que lo segundo. Y esto nos conduce al error. Saber recibir es transformar la duda en confianza hacia el que da. Saber recibir es saber vivir mejor.

 Así que seamos generosas con nosotras mismas dándonos el derecho a amar y a recibir. Si nos gusta dar, no hace falta decir que también debemos amar y recibir. Además, todas y cada una de nosotras podemos dar sinceramente lo que tenemos, nuestro tesoro: el amor.

            ¿Y si la única manera de aprender a recibir fuera dando? El escritor estadounidense de habla francesa Julien Green dijo: «Hay tanta generosidad en recibir como en dar».

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