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Aprender a recibir

Somos mujeres comprometidas con los valores de libertad igualdad y fraternidad

PRIMERA PARTE

¿Por qué nos cuesta tanto aprender a recibir?

            Aprender significa saber reconocer y admitir la falta de conocimiento, estar abierto a la formación y a la ampliación del espacio de nuestras posibilidades. Lo haremos a lo largo de nuestra vida, recibiendo y dando. Porque ¿quién mejor que nosotras las masonas –que hemos recorrido un camino largo y difícil pero emancipador- sabemos cuán esencial es el aprendizaje? A través de ese camino nos tomamos la libertad de descubrir, avanzar, elegir y comprometernos. Y, en este sentido, tal vez sería más preciso decir: aprender y esperar para recibir.

            Recibir significa etimológicamente acoger, aceptar, tomar lo que se le da a uno. Es, por lo tanto, acoger y no sufrir. Pero ¿realmente sabemos cómo recibir? ¿Recordamos la última vez que alguien espontáneamente nos dio algo positivo, nos hizo un favor o nos felicitó?

¿Aprenderemos a recibir y a aceptar lo que se nos da?

            Para saber recibir es esencial saber dar y viceversa porque están íntimamente ligados. Recibir implica una actitud de sencillez, de humildad, estar en una buena disposición de acogida. Requiere la aceptación del hecho de que todavía necesitamos ser transformadas, crecer, enriquecernos y abrirnos. Pero, a veces, por orgullo creemos que podemos ser autosuficientes, que no necesitamos a los demás. Lo cual, por supuesto, es falso. Para muchas personas recibir puede ser un acto natural, pero para otras puede ser muy complicado y será un aprendizaje que se desarrollará a lo largo de nuestra vida.

            ¿Por qué nos avergonzamos cuando nos regalan una flor? Tenemos miedo a recibir, porque nos preocupa lo que se nos podría exigir a cambio. También puede afectarnos el miedo a no estar a la altura de la donación recibida, el miedo a no poder corresponder, el miedo a aceptar un “intercambio” de cuya honradez tenemos dudas. No queremos recibir el sentimiento del otro, porque tenemos miedo de perder algo.

            Este miedo a recibir es también el miedo a ser decepcionado, traicionado…Recibir no es un acto trivial, involucra a las personas de manera importante.

            No saber recibir se refleja en muchos hechos cotidianos: recibir un regalo, un halago, una opinión, un abrazo, una sonrisa… A menudo se cree que la persona que da es la que tiene el poder, la que recibe lo abandona según las creencias establecidas. La persona que tiene dificultad para recibir no quiere estar después en deuda y tener que corresponder.

            Entonces, ¿es una falta de generosidad no saber recibir? Saber recibir también puede ser visto como un acto de generosidad, un gesto de aceptación, de apertura a los demás. Como escribió Stephen Donaldson: “Aceptar recibir es honrar a quien nos da”.