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SURCOS (1951)

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SURCOS (1951)

El neorrealismo español. Cine social de los 50

Un acercamiento a esta película, –”Surcos”-, del director José Antonio Nieves Conde a partir de un argumento de Eugenio Montes y Natividad Zaro, con guion adaptado por Gonzalo Torrente Ballester, nos ayuda a comprender una España triste y pobre, en blanco y negro: la de los años 50. La España rural que necesitaba acercarse al núcleo urbano para poder seguir viviendo porque su medio ya no ofrecía nada a sus habitantes, pues entre ellos arraiga la idea de que “en el campo no hay futuro”.

Considerada una de las muestras fílmicas del neorrealismo español, del que tenemos algunas muy interesantes en nuestro cine y que nada tienen que envidiar al neorrealismo italiano, es una película que ningún amante del cine debe perderse.

El argumento nos muestra una familia campesina (los Pérez) que se deja convencer por las ambiciones del hijo mayor para marcharse a la capital (Madrid), porque piensa que allí el dinero se gana sin esfuerzo y la vida es más fácil que en el campo. Con este convencimiento, el de encontrar una vida mejor y más fácil, se establecen las bases para este guion magistral que cuenta los comienzos de una familia en un gran núcleo urbano.

Para lograr financiar el viaje venden sus tierras, lo que supone una de las primeras humillaciones de las muchas que podremos observar a lo largo de este gran trabajo. Así pues, la marcha del campo a la ciudad en tren los lleva a la Estación del Norte de Madrid, en donde los personajes encarnan la imagen que tenemos de aquellos que han de abandonar sus pueblos en busca de una vida mejor: con atuendos de labriegos y llevando animales vivos entre los paquetes y cestas. Este será el primer contacto con la ciudad, donde vivirán en un barrio frío y desangelado de Madrid en el que sufren el rechazo de sus habitantes.

La España de aquella época pasaba por un periodo de transformación económica en el que aparecía como fenómeno emergente en la sociedad el éxodo rural hacia las ciudades. La emigración acaba generando un exceso de mano de obra no especializada que tenía como efecto el desempleo, el engaño y la delincuencia.

Con esta película reflexionamos sobre la despoblación rural. Muchos municipios de España, antaño más poblados y con más vida, fueron abandonados por sus habitantes atraídos por esa idea ilusoria de que todo en la ciudad era mejor. La realidad era y es otra, porque en los pueblos, aunque la dureza existe, siempre es más fácil encontrar una mano amiga que te ayuda y que se acuerda de ti. En pleno proceso de deshumanización, donde nadie se preocupa por la vida de los demás, por sus necesidades y carencias, es en los pueblos donde el ser humano se reencuentra con la paz, con la belleza y con otra forma de vivir la vida.

Hoy en día hay ya muchas personas que están haciendo el viaje contrario al que nos cuenta esta estupenda película: el de aquellos que están dejando de la ciudad y que están recuperando oficios olvidados, realizando una reconversión interna y externa para poder vivir en sintonía con la naturaleza y con los habitantes del medio rural.

Puede ser que todos nuestros lectores no estén de acuerdo con lo que se plasma en este texto, pero está surgiendo un cambio de estrategia, necesaria, en el que las instituciones están aprobando leyes sobre despoblación rural y donde se promulga la discriminación positiva, pago de impuestos y recepción de ayudas para fijar población en nuestros municipios.

Los grandes núcleos de población asustan. Generan, es cierto, más posibilidades, pero no todos pueden acceder a ellas. La soledad en la vulnerabilidad es mayor. En las ciudades nadie le dice al otro que se anime o conversa con amabilidad para ayudarle. A veces, además de un trabajo y un sueldo para poder vivir, es completamente necesaria una mano tendida que te ayude a soportar las durezas de la vida.

La moraleja que podríamos extraer de esta película es la pérdida de lo auténtico por la imagen ilusoria de conseguir una vida mejor y más fácil en la ciudad. Los Pérez al final de este largo viaje lamentan haberse marchado de su pueblo, dejando tierras y casa para malvivir en un piso pequeño de Madrid, en un barrio gris donde todo es frialdad. Es en esos momentos cuando se dan cuenta de su gran pérdida y de los impedimentos para poder volver a aquel lugar en el campo donde pensaron que no había futuro.

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