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Relatos del confinamiento de la Logia Clara Campoamor (III)

Somos mujeres comprometidas con los valores de libertad igualdad y fraternidad

Relatos del confinamiento de la Logia Clara Campoamor (III)

Hoy, he leído un artículo que trataba de los supercontaminadores. Polémico, el concepto de “súpercontaminador” de virus, que sigue siendo muy cuestionado por los médicos debido a los múltiples factores que entran en juego durante la transmisión. El concepto no nació con el Covid-19, ya había sido utilizado durante otras epidemias. Parece que algunos pacientes, y sin que esto se correlacione con la intensidad de los síntomas, excretan muchos más virus que otros y, por lo tanto, transmiten más.

Durante mi vida masónica, a menudo nos hemos preguntado, ¿cómo llevar fuera del trabajo iniciado en el Templo? Siempre pensé que una masona es como una pequeña gota de aceite esencial depositada en la superficie del agua. Se extiende en círculos concéntricos hasta que impregna a quienes la rodean. ¿Qué pasa si, más allá de todas las acciones de externalización que emprendemos, simplemente aplicando los principios que son nuestros, en nuestra vida profana, nos convertimos en supercontaminadoras? ¿Qué pasa si trascendemos esta palabra llena de negatividad en algo beneficioso?

Cuantos más seamos, poniendo en práctica nuestros ideales en nuestra vida diaria, más se reunirán los círculos y más se extenderá la gota de aceite. A veces es suficiente dar el ejemplo sin hacer nada más, para tener éxito en influir positivamente; quiero decir con discreción, sin ostentación, moralización o proselitismo.

No somos perfectas, no soy perfecta, pero cada una de nosotras tiene Sabiduría, Fuerza y Belleza para manifestar. Lo veo en vuestros ojos, en vuestros gestos, lo escucho en vuestras palabras, lo leo en vuestros mensajes, lo percibo en vuestros abrazos, lo siento en vuestra inmensa fraternidad. Y sí, también veo nuestros fallos, puedo ver que cada una, a nuestra manera intentamos sublimarlas con resilencia.

Soy  como  estas  cerámicas  japonesas  cuyo  arte  de  ‘Kintsugi’  adorna  las grietas con polvo de oro. Este polvo de oro se ha depositado en mí, a cada paso del camino que tomé cuando fui iniciada.

Mientras voy puliendo mi piedra, mis grietas se están convirtiendo gradualmente en fuerza, mis metales poco a poco en material más noble y no me merezco todo el crédito, también os lo debo.

¡A vosotras, hermanas mías, mis supercontaminadoras!

Comentarios: 4

  1. Toñi dice:

    Gracias por supercontaminarme e influirme, cual gota de aceite brillante de luz envolvente, con esta profunda y bella reflexión querida hermana mía.

  2. Gema dice:

    No somos perfectas. Somos imperfectas. Pero todas juntas rozamos la perfección. Todas juntas formamos parte de un todo, aportando nuestras ideas, nuestras vivencias, nuestra sabiduría. Creo que la sabiduría y la belleza, hermanas, reside en saber que somos imperfectas.

  3. Nuria dice:

    Me ha encantado este relato por lo que dice y cómo lo dice. Está presente algo fundamental para toda masona y masón: la fraternidad.
    Otro elemento fundamental que aquí aparece es el conocimiento de que somos seres imperfectos en un camino de mejora en el que nos apoyamos unas a otras, que busca trascender y extenderse a nuestro alrededor.
    Me ha encantado leer esta gota masónica.
    Ha sido un placer leer esta gota masónica.

  4. Chelo dice:

    En este contagio que ejerce la fuerza de todas en hacer menos resistente el trabajo de mejorarnos, es gracias a la labor de unir lo disperso y transformarlo en fuerza motriz.

    Gracias por tus hermosas palabras.

    Saludos para todas.

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