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Relatos del confinamiento de la Logia Clara Campoamor (I)

Somos mujeres comprometidas con los valores de libertad igualdad y fraternidad

Relatos del confinamiento de la Logia Clara Campoamor (I)

Las masonas de la Logia Clara Campoamor han redactado una serie de relatos sobre reflexiones personales durante el confinamiento y queremos compartirlos con todas y todos vosotros.

No son más que testimonios de vida, semblanzas de momentos, instantes donde el tiempo se pausó o se aceleró.
 
Todas nosotras hemos estado actuando sin saber aún cuál será la magnitud y las consecuencias de esta vivencia, pero sabemos que el mundo, e incluso nuestro mundo, ha cambiado.
 
 Posiblemente, nadie saldrá de esta pandemia de la misma manera que la empezó, pero recordemos que no es la primera vez que, como especie, tenemos esta vivencia.
 
Estos (relatos son anónimos) y contienen opiniones personales de cada una de nosotras, plasmadas en un papel en la soledad del confinamiento.
 

Durante todo este tiempo las masonas de esta Logia han continuado sus trabajos y ahora continuamos el camino con este punto de inflexión a nuestras espaldas. Esperamos que disfrutéis de la lectura.

Y de pronto un virus. Un ser microscópico, no una invasión extraterrestre, ni un ataque terrorista a gran escala, ni siquiera la madre de todas las batallas. No. Un virus. Minúsculo. Mediocre, ridículo, pero, como si de un esperpento de Valle-Inclán se tratara, coronado, como esos “locos” medievales, reyes de un día y carnes de cadalso al otro. Un virus coronado, que, en su megalomanía de tirano execrable, exige su tributo de sangre.

Esa corona sin vida es lo que nos ha puesto a todos al borde del abismo.

Me decía mi padre, que este virus no ha venido a nosotros, hemos ido nosotros a buscarlo, que es consecuencia de la comunicación entre los pueblos, como en todas las pandemias, es el precio que hay que pagar por la globalización, esa “unión” que más tarde o más temprano nos aboca a esta realidad, un nuevo fenómeno que nos tocará tener presente ya para siempre, porque las fronteras entre los pueblos, que es la forma en la que el miedo al otro ha cristalizado, ya no tienen sentido. ¿O sí?

Pero  el  virus,  esa  cosa,  los científicos dicen que no es un ser vivo, es invisible, casi intangible, nos ha colocado a cada uno de nosotros en escuadra. Nos ha obligado a la introspección, a preguntarnos muchas cosas, a respondernos casi ninguna,  a  saborear  el  áspero  y  amargo  sabor  del  miedo.  Y  lo  que  parecía imposible, el mundo, el mundo entero se detiene. Se para.

Es apretar el botón del ‘reset’. Formatear el ordenador.

¿Y?

Ni siquiera me sale poner la palabra “después”, porque caigo en la cuenta de que también  soy  población  de  riesgo,  que  también  tengo  patologías  previas,  que también tengo la edad a la que el virus acecha, y hablar de futuro es como decir mentiras, y ahora, ahora, no es el tiempo de las mentiras, estamos solas, cada una consigo misma, confinadas, ¿de qué nos sirven las mentiras?

No me gusta hablar de guerras, no creo que esto sea una guerra, y la estrategia que usamos es de guerra; un combate a muerte con un contrincante que ni vemos, que no tiene ejército, ni armas, con el que es imposible negociar, no hay posibilidad de armisticio, y del que hemos adelantado, imaginándonos, a un alto precio, su letalidad.

Pero,  siempre  hay  un  pero.  La  diferencia  es  que  ahora,  atrincheradas, sentimos la vida, los vapores del miedo tienen el perfume de la vida, esa vida que hace apenas diez días se difuminaba en la rutina, en la trivialidad, en la banalidad de lo cotidiano y…

¿Y?

Pues como somos los únicos contendientes con consciencia, aunque no tengamos corona, no tenemos más remedio que ganar este extraño “combate”. No tenemos más remedio, el cómo es el enigma, y cada una, tanto a nivel individual como colectivo, pues la crisis tiene dimensiones a todos los niveles, lo ganará a su manera. Alguien me ha dicho que el virus nos exige sacar lo que cada una ha aprendido, su experiencia, su don. Pues eso es lo que toca de hoy para  mañana y nosotras llevamos puliendo nuestra piedra mucho tiempo, que la arista del miedo nos arañe, sí, que nos haga sangrar, también, pero tenemos la ventaja de que la luz de la inquietud por el saber nos había despertado antes de que esto nos estallara un anodino domingo por la tarde. Toca, desde dentro, desde el interior de cada una, de cada sociedad, de cada grupo, encontrar la solución, que seguro, será la más sencilla, la que más cerca de nosotros tengamos y a la que menos importancia demos.

¿Seremos capaces de verla entre tanto caos?

¿Cuánto tiempo tardaremos?

 

Comentarios: 3

  1. Gema dice:

    Un virus que nos está poniendo al borde del abismo y por el que muchas pensamos que todo cambiaría. Efectivamente, han cambiado muchas cosas. Nuestra forma de comportarnos, nuestra forma de acercarnos, pero lo que no ha parecido cambiar es la irresponsabilidad de unos pocos y su falta de civismo. Esto tiene que pasar y pasará, pero me sigo planteando si de todo esta vivencia, el ser humano aprenderá algo. Debemos ser cautos, cuidadosos y responsables. Si lo somos, esto poco a poco irá remitiendo. Saldremos a las calles a celebrarlo, pero cuando no haya rastro de Covid. Y esto seguro que ocurrirá cuando haya vacuna para exterminarlo. Fuerte TAF. GEMA

  2. Nuria dice:

    Es cierto que somos contendientes en esta batalla, y nos ha pillado con la guardia baja. Los de mi generación no hemos pasado por experiencias traumáticas como la de mis padres y abuelos, así que por primera vez nos enfrentamos a una situación extrema que puede sacar lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Por ahora prevalecen las conductas positivas de la ciudadanía sobre las negativas. Lo fundamental es que aprovechemos este parón para pensar si la forma en la que estábamos viviendo hasta ahora es tal y como deseamos que siga siendo. Mientras tanto no queda otra que cuidarse y cuidarnos. Nos necesitamos unos a otros para seguir adelante. Mi salud es la tuya, me protejo para protegerte.

  3. Chelo dice:

    Y…el mundo se paró en gran parte y…Comprendo que fue bueno para el planeta mientras duró. Hay que plantear un presente hacia la sostenibilidad. El combate es el esfuerzo de los investigadores, ejecutado por las resoluciones de los médic@s en cada caso y sus herramientas los enfermer@s que observan que se cumplan todos los tratamientos.

    Ellos cumplen con su labor y conducta en perfecta sincronía con el “opus” de la Salud. Lo siento por ti COVID-19 podrás ganarnos batallas en lid, pero te ganaremos en tu terreno. Apostemos por la sencilla obediencia que nos indican los sanitarios, y sobreviviremos.

    Salud y fuerza para todas/os

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