“Las dos caras de la Justicia"

febrero 1, 2024

Una película de Jeanne Herry, Je verrai toujours vos visages, llegó este otoño a España. Nos muestra una faceta poco conocida de la justicia, llamada justicia restaurativa y en este sentido nos recuerda la potente película de Iciar Bollain, Maixabel, estrenada hace dos años.

Themis también es mujer, es la diosa griega de la justicia, representada con los ojos vendados y sosteniendo una balanza. En estos casos Herry y Bollain nos abren los ojos sopesando relatos, palabras y emociones de víctimas y victimarios. Hasta ahí podemos acercar estas dos obras: mientras I. Bollain apuesta por el valor personal de su protagonista, J. Herry celebra “el triunfo de lo colectivo”.

Descubrimos las historias de cada persona por fragmentos que poco a poco van conformando un mosaico. Por un lado tenemos a Nassim, Issa y Thomas, condenados por robos con violencia, y del otro Grégoire, Nawelle y Sabine, víctimas de secuestro, de asalto y robo en la calle. Solo se cuenta lo que tienen en común, es decir, las agresiones, y al principio parece que todo les opone, pero las reglas de escucha y la voluntad de sanar (de todos) permiten hasta cierto punto una reparación.

El tiempo, el juicio, la familia o las amistades son impotentes para curar la herida de la agresión, pero el encuentro con el Otro, el que está del otro lado del muro puede llegar a desarmar el miedo, como es el caso de Nawelle.

La película está llena de recovecos, de sutilezas, de emociones que no vamos a desvelar aquí, pero sí podemos decir que salimos engrandecidos en nuestra humanidad gracias al valor de los personajes, el poder de la palabra, el trabajo y empeño de los mediadores.

El título original como el español se refiere al rostro. Víctimas y victimarios podrán mirarse a la cara, podrán encarar sus fragilidades, sus errores, sus responsabilidades, su suerte buena o mala… La necesidad de justicia que ofrece la justicia restaurativa tal vez sea esto sencillamente: el tiempo y el espacio para poder expresar historias particulares y poder escucharlas. Como espectadores también encontramos una manera de entender la razón y el corazón del otro, gracias a la cámara y al montaje de J. Herry.

Así se hace la justicia humana. Recordamos que este modelo se inspira en prácticas ancestrales de ciertos pueblos africanos, australianos o nativos americanos: sus sistemas de justicia tradicional consideraban que el agresor había roto su vínculo con el grupo y gracias a unos círculos de palabra se volvía a tejer.

Por supuesto cada país desarrolla la justicia restaurativa adaptada a su cultura, pero citando al investigador Francis Alföldi: “los que llamábamos “los salvajes” (…) son hoy en día los transmisores de un saber que hay que situar a la vanguardia de la modernidad socio-clínica”.

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