
Tres años después de recibir el Oso de Plata en Berlín por su película El cielo rojo, el aclamado cineasta alemán Christian Petzoldnos ofrece esta historia escrita y dirigida por él, cuyo título está tomado de una pieza musical de Maurice Ravel y en el que se combinan el drama, el misterio y el suspense.
La historia sigue a Laura (personaje interpretado por Paula Beer), una joven estudiante de música que vuelve a la vida después de un accidente de tráfico en el que fallece su pareja. Devastada y destrozada emocionalmente, es acogida en una casa próxima donde viven Betty y su misteriosa familia, donde se acaba instalando. Aunque al principio parece encontrar consuelo y apoyo para encarrilar su vida, poco a poco empieza a darse cuenta de que esta familia oculta oscuros secretos y que algo no funciona como debiera.
Según publica Sergi Sánchez en “Fotogramas”, Petzold en esta película vuelve su vista hacia los clásicos, como ya hizo en largometrajes anteriores, en donde se nos muestra mediante un juego de espejos un Orfeo femenino que vuelve a la vida después de pasar por el infierno. El director “cree que desde la muerte y la destrucción, o desde la veneración necrófila, hay la posibilidad de construir refugios y ofrecer espacios seguros para volver a empezar, aunque todo renacimiento tenga un aura misteriosa, y toda cura se cierre con una cortina mecida por el viento, como si un espectro se escondiera tras ella.”
La cinta explora temas profundos como el duelo, la superación de la pérdida y la desesperada (y a menudo inútil) necesidad de aferrarse a un pasado inalcanzable. A través de una atmósfera ambigua y con toques fantásticos — e inspirada fuertemente por la música de Ravel—, la película refleja cómo las personas heridas buscan el dolor ajeno para aliviar el propio.
Es una historia llena de secretos y sutilezas que consagra al director alemán como el creador de un género propio, cuya filmografía es un fresco de la Europa contemporánea adoptando sus creaciones la forma de melodrama, fábula fantástica o relato sociopolítico. Su cine es heredero de la escuela de Berlín y se caracteriza por una puesta en escena austera, con personajes a menudo atrapados en lugares de tránsito.
