
Os traemos hoy una pieza musical que fue escrita para un árbol, una canción de amor hacia un platanero. Esta pieza destaca por su paz y belleza, lo que contrasta con la trama de comedia romántica y de enredos amorosos que caracteriza el resto de la obra.
Nos referimos a “Ombra mai fù” (Nunca hubo sombra…), más conocida como “el Largo de Händel”. Es el aria de apertura de la ópera Jerjes de Händel que fue estrenada en 1738 en el King´s Theatre de Londres. Este fragmento realmente es una adaptación de una composición de Giovanni Battista Bononcini, compositor y violonchelista barroco italiano del siglo XVII, muy popular en su época, aunque hoy eclipsado por grandes compositores como el propio Händel.
La acción se desarrolla en Persia en el año 480 a. de C., cuando Jerjes I, rey de Persia, marcha con su ejército hacia Grecia durante la Segunda Guerra Médica. Nos cuenta el historiador griego Heródoto en el libro VII de su obra “Historias” que cuando Jerjes se dirigía a Grecia con su ejército, pasando por Lidia encontró un platanero de belleza tan extraordinaria que quedó paralizado. Hizo parar al ejército y cubrir las ramas con adornos de oro, nombrando a uno de sus Inmortales (guardia real de élite) como guardián perpetuo del árbol. Ese gesto pasó a la historia como el del rey que se arrodilló ante un árbol.
El Largo es precedido por una parte recitativa titulada “Frondi tenere e belle” (Hojas tiernas y bellas), en donde el rey admira la sombra de ese árbol, que le proporcionó mayor placer y emoción que ninguna de sus riquezas. La letra es una oración: que ninguna tormenta toque las hojas, que ningún viento rompa esta paz. El recitativo es breve, narrativo y sirve de introducción dramática al aria melódica que le sigue.
El aria fue escrita para una voz que ya no existe, la de los “castrati”, hombres que eran castrados de niños para preservar el agudo de su voz de por vida. Händel la compuso para que la cantara el famoso castrato Caffarelli. Hoy suele ser interpretada por una mezzo-soprano, un contralto o un contratenor. Y la voz se sustenta sobre violines que intentan acompañar al solista con el mismo sentimiento y emoción.
La letra de las dos piezas es la siguiente:
Recitativo:
“Hojas tiernas y bellas
de mi plátano amado,
por ti resplandezca el destino.
Truenos, relámpagos y tempestades
no ultrajen nunca tu querida paz,
ni venga a profanarte el rapaz viento.”
Aria:
“Sombra jamás hubo
de planta querida y amable
más suave”
Os dejamos el enlace a la versión del aria “Ombra mai fú” del contratenor alemán Andreas Scholl, uno de los pocos intérpretes que hoy alcanzan ese sonido agudo buscado por el compositor.
