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EL MANANTIAL, de KING VIDOR (1949): una guerra contra los convencionalismos

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EL MANANTIAL, de KING VIDOR (1949): una guerra contra los convencionalismos

“Un edificio no pide prestados pedazos para su alma. Su constructor le da alma…”, A. Rand

“Nada es racional ni hermoso si no está hecho de acuerdo con una idea central, y la idea establece todos los detalles. Un edificio es algo vivo, como un hombre. Su integridad consiste en seguir su propia verdad, su único tema, y servir a su propio y único fin. Un hombre no pide trozos prestados para su cuerpo. Un edificio no pide prestados pedazos para su alma. Su constructor le da un alma, que cada pared, cada ventana, cada escalera expresan”, Ayn Rand.

               “El manantial” (The Fountainhead) (1943) es uno de los mayores éxitos literarios de Ayn Rand, novela que, junto a la ‘La rebelión de Atlas’ le trajo fama y éxito financiero. Se vendieron más de 6,5 millones de copias en todo el mundo, siendo llevada al cine en 1949 por King Vidor.

               El argumento de la película nos cuenta y profundiza en la historia deHoward Roark (Gary Cooper), “un arquitecto vanguardista, ávido de romper con todo lo hecho hasta ahora en los terrenos de la arquitectura” y de Dominique Francon (Patricia Neal), “una columnista del periódico ‘The Banner de New York’ que también ama la individualidad y todo lo que libere al hombre de la esclavitud de las ideas. Juntos, pero “separados”, iniciarán una guerra contra el mundo de lo convencional”. (Fuente FILMAFFINITY)

               El arquitecto protagonista de esta magistral película desea, desde sus comienzos, triunfar. Joven, de gran talento, se pone frente al mundo para reivindicar su talento y también el valor del individuo frente a la masa. Este hilo argumental se mezcla con una tórrida y compleja historia de amor en este atípico melodrama, rodado de manera ejemplar, con toda la pasión y el pulso narrativo que caracterizan a su director. Impresionante la banda sonora de Max Steiner y magníficas interpretaciones para una obra maestra del género, muy recomendable y de interés especial para los amantes de la arquitectura (los proyectos de Roark se parecen sospechosamente a los de Frank Lloyd Wright).

Howard Roark es la personificación de la lucha contra los convencionalismos sociales, las ideas preconcebidas, los prejuicios y las mentes pusilánimes, que comprometen e interfieren en su visión artística y personal. La novela de Ayn Rand plasma la batalla del protagonista para practicar lo que el público ve como la arquitectura moderna y racional, en un ’establishment’ centrado en la adoración de la tradición y la falta de originalidad. En el libro se revelan diversos arquetipos del carácter humano, todos los cuales son variaciones entre Roark, el hombre ideal, de espíritu único, independiente e íntegro, y lo que la autora describe como “second-handers” (subordinados): personas mediocres cuyo objetivo es lograr el “éxito” aunque tengan que traicionarse a sí mismos y a sus principios, así como a las personas que aman y valoran, persiguiendo a todos aquellos que se alzan en contra de la mediocridad para mostrar su originalidad. Las complejas relaciones entre Roark y los diferentes tipos de personas que ayudan u obstaculizan su progreso, o ambas cosas, permiten que la novela sea a la vez un drama romántico y una obra filosófica. Roark es la encarnación para Rand del espíritu humano y su lucha representa el triunfo del individualismo y la integridad personal sobre el tradicionalismo y la falta de principios sólidos.

               El personaje está, al menos en gran parte, inspirado por el arquitecto Frank Lloyd Wright. Rand señaló que dicha inspiración se limitaba a “algunas de sus ideas arquitectónicas y al patrón de su carrera”, negando que Wright hubiera tenido que ver con la filosofía expresada por Roark o con los eventos de la trama. El mismo Wright era ambiguo acerca de si pensaba que Roark se hubiera basado en él, confirmándolo algunas veces y negándolo otras. Su biógrafa, Ada Louise Huxtable, señala una “gran brecha” entre la filosofía de Wright y la de Rand, y lo citó declarando: “Niego la paternidad y rechazo casarme con la madre”.

El trasfondo de la historia de Ayn Rand queda bien expresado en otra de sus interesantes citas, que es la que nos invita a la reflexión y a la introspección:

“El problema básico del mundo moderno, es la falacia intelectual de considerar que la libertad y la coerción son opuestos. Para resolver los gigantescos problemas que agitan el mundo de hoy, debemos esclarecer nuestra confusión mental. Debemos adquirir una perspectiva filosófica. En esencia, libertad y coerción son la misma cosa. Les daré un ejemplo: los semáforos restringen su libertad de cruzar la calle cuando lo desean. Pero esa restricción les da la libertad de no ser atropellados por un camión. Si se les diera un trabajo y se les prohibiera abandonarlo, se restringiría la libertad de sus carreras, pero se les daría la libertad de no temer al desempleo. Siempre que se impone una nueva coerción sobre nosotros, automáticamente ganamos una nueva libertad. Las dos son inseparables. Sólo aceptando la coerción total podemos conseguir nuestra libertad total”.

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